La Más Bella: del fanzine a Bellamátic
Publicado en la revista Zehar de Arteleku (Donostia), mayo de 2002.

Los orígenes de la La Más Bella, el motor que nos impulsó a crear una revista abierta y experimental, fue la necesidad de crear un soporte donde publicar nuestros propios trabajos, los de las tres personas que en aquel momento pusimos en marcha el proyecto, y publicar además lo que estaban haciendo amigos nuestros y gente cercana. Si en aquel entonces llegamos a esa conclusión (hablo de hace diez años en Madrid y alrededores) es porque las personas que teníamos muy poco o ningún currículum artístico teníamos las puertas cerradas a las publicaciones del momento, y seguramente nos pareció más fácil editarnos a nosotros mismos que comenzar a pelearnos por entrar en las revistas “establecidas”. No puedo afirmar que en nuestros orígenes hubiera una intención rebelde contra las editoriales o revistas de arte o pensamiento que existían en aquellos momentos. Sí tal vez había un lamento generalizado por la desaparición de algunos títulos emblemáticos de la década de los ochenta, títulos identificados con lo que se dió en llamar la “movida madrileña” (con la que, dicho sea de paso, apenas tuvimos nada que ver porque hace años que había expirado). No hubo, como digo, una intención consciente de ponernos enfrente de lo que había porque lo que había apenas nos interesaba, salvo excepciones importantes que, como El Canto de La Tripulación, nos sirvió de modelo en cuanto a su filosofía de proyecto autogestionado por las mismas personas que publicaban en sus páginas. Esta filosofía de proyecto editorial autogestionado sí animó los orígenes de La Más Bella, y diez años después creemos firmemente en su vigencia, en las posibilidades de la autoedición y la gestión autónoma e individual (o de pequeños colectivos) de proyectos editoriales paralelos a los circutos comerciales habituales. Sin caer en el error (a nuestro juicio) de querer ser como “ellos”, de querer hacer grandes tiradas, de sentirse obligado a que lo que uno hace le tiene que gustar a todo el mundo y debe tener una gran repercusión, de querer entrar en circuitos de distribución a los que, sencillamente, no les importamos. Uno ha de dirigirse a quien esté intersado en escucharle, y tratar de ir un poco más allá. Lo contrario es fuente diaria de frustraciones.

Desde otro punto de vista, para La Más Bella fue fundamental desde el principio el aspecto formal, la experimentación no sólo desde el punto de vista gráfico sino como producto editorial complejo y global. Puesto que las páginas de La Más Bella se abrían a la pura experimentación de los artistas, a sus trabajos más libres y personales, ofrecer una simple hoja de papel en blanco no era suficiente. De ahí nuestra obsesión por la constante experimentación en cuanto a formatos o soportes, que a menudo nos ha alejado incluso del papel impreso. Una filosofia más cercana al libro de artista que a la revista de difusión de contenidos. Nuestro último proyecto, BELLAMÁTIC, responde a esta filosofía, trata de ir más allá: no conformarse con hacer de una revista un objeto artístico, sino hacer de la propia distribución de la revista un acto artístico. BELLAMATIC es una máquina expendedora automática, un prototipo diseñado para vender revistas como La Más Bella y muchas otras revistas, libros, CD, obra original… creada por artistas y colectivos afines al nuestro. En resumen es hacer de todo el proceso editorial (incluído el acto de comprar una revista a cambio de dinero) un acto artístico.

Todos sabemos que este tipo de ediciones o proyectos le interesan a un círculo de personas muy reducido, muchas veces los propios artistas y editores, y en esas personas confiamos para que se acerquen a nuestras ediciones y las compren. Es evidente que un editor ha de tener la habilidad de difundir sus ediciones lo máximo posible, pero también ha de tener claro qué tipo de producto está ofreciendo y cuántas personas hay interesadas en ello. Nada más triste que ver almacenes donde se acumulan revistas y libros, dinero y materias primas gastados en nombre de altos ideales culturales tras los que había objetivos tal vez demasiado pretenciosos. Tal vez el editor deba editar por y para aquellas personas que van a ser receptivas, y eso suponga pequeñas ediciones y una limitada difusión y repercusión de nuestro trabajo. Pero siempre será mejor eso que tirar a la basura ediciones enteras. Existen métodos de difusión y promoción que no son necesariamente el kiosko, los grandes puntos de venta o las distribuidoras. El kiosko no es el espacio natural de este tipo de ediciones, nunca lo ha sido. Pero el correo, el boca a boca, determinadas librerías o galerías y desde luego Internet ofrecen vías de difusión que pueden permitir una distribución muy directa a personas que están interesadas en ediciones diferentes. Casi todo el mundo en su ciudad sabe dónde ir a buscar una edición artística experimental e independiente.