Texto publicado en el catálogo de la exposición E-pron, Madrid 2001 y en el catálogo de la exposición Cyberia 02.
Santander, agosto 2002.

Bellamátic. Un Proyecto de La Más Bella

Parece que nadie se ha dado cuenta de que la tecnología digital no se puede comer. La apoteosis de lo digital, con sus millones de ceros y unos recorriendo sofisticados cables de fibra óptica, nos ha llenado de inmaterialidades. Las cosas aparecen representadas en pantallas de ordenador, incluso de teléfonos móviles; pero como si de castillos de naipes se tratara, las imágenes digitales se derrumban con estrépito apenas con un soplido virtual (el acto de pulsar la tecla esc). No hay nada tras esas imágenes, tras esas pantallas: ni paisajes de verdad, ni guerras, ni la cara de nuestros amigos, ni sexo. Todo tiende a ser digitalizado, naturalmente también el arte. Síntoma inequívoco de que todo va a desaparecer triturado en ceros y unos que se desvanecerán en los cables como los ríos que van a parar al mar. ¿Queda hueco para las cosas de comer, de tocar, de romper, de tirar a la bolsa de basura? ¿Hay sitio para lo analógico, para la máquina tras cuyo cristal hay cosas que, si lo deseas, puedes tocar, mirar, leer? Sí.

Bellamátic es una máquina expendedora de arte, una máquina analógica, sin ceros y unos, sólo con una raja para meter euros, para que la máquina al instante devuelva una sutil pieza literaria, un poema objeto, una copia de videoarte, un CD de música experimental… Bellamátic es una máquina ideológicamente anticuada, conceptualmente low-tech, sin representaciones virtuales. En su interior hay cosas de verdad, ediciones paralelas creadas por múltiples artistas y colectivos, imposibles de conseguir por otras vías: libros de poesía, de cómic, vídeos, música, fotocopias, maquinitas, fotos… A Internet, que es un invento fantástico, le falta lo que Bellamátic sí tiene: si quieres —a cambio de unas monedas— puedes obtener al instante lo que estás viendo tras el cristal, para que el disfrute digital de la visión se convierta en el goce analógico de la posesión.